Liana escuchó los golpes en su puerta cuando ya había decidido que no iba a abrir, fueron tres golpes, precisos, que ella reconoció antes de que su mente los procesara.
Su loba los reconoció primero, derritiéndose en su mente.
Liana se quedó quieta en el borde de la cama, con las manos en las rodillas, mirando la puerta como si pudiera ver a través de la madera.
— Liana. — La llamaron, una sola palabra.
Su nombre en la voz de Roth, baja, casi como un susurro, sin la autoridad de siempre, solo