La vela ya casi no daba luz, pero incluso así, era más que suficiente para que Liana viera cada detalle del rostro de Roth y esa expresión que él nunca antes le había dado.
Una expresión real, una sin el muro de siempre, la expresión de un hombre que había dejado su armadura y había llegado con lo único que le quedaba, su corazón.
Él la miraba como si tuviera miedo de que desapareciera si parpadeaba y eso, más que cualquier palabra, fue lo que terminó de romper lo que quedaba del recelo de Lian