Nadie sabía cómo detenerla, eso era lo más aterrador de todo.
No temían por el destello de energía, ni por los susurros que salían por las paredes, ni tampoco por las visiones fragmentadas que Liana gritaba en voz alta sin darse cuenta.
Lo que todos temían, era que nadie sabía cómo detenerla.
Selina lo había intentado todo, sus barreras de energía, las mismas que habían contenido poderes mucho más destructivos en la guerra contra Eros, rebotaban contra el estallido de Liana como si fueran pa