El silencio de mi apartamento esa noche se sintió diferente, no era un vacío, sino una pausa necesaria.
Dejé el bolso sobre la mesa y me quité los zapatos con un suspiro largo antes de dejarme caer en el sofá, cerré los ojos unos segundos, intentando procesar la intensidad del día.
— Ok… —murmuré para la soledad de la sala —. Eso pasó.
Tomé el teléfono y no dudé en escribirle a la única persona que entendería el caos "Necesito hablar", envié. La respuesta de Amyra llegó en segundos: "Llámame