El segundo día fue diferente, no porque todo fuera más fácil, sino porque ya no me sentía completamente fuera de lugar. Sabía por dónde caminar, a quién preguntar y dónde sentarme; pequeñas cosas, pero suficientes para darme seguridad.
—Buenos días —saludé al llegar. —Buenos días —respondió Daniel sin levantar la mirada del monitor—. Hoy sí vienes con cara de que sabes dónde estás. —Eso intento —sonreí levemente. —Bien, porque hoy sí vamos a trabajar en serio. Necesito que revises estos reporte