El silencio dentro del despacho no era casual, era control, todo en ese espacio respondía a un orden claro, una extensión de mi propia mente, como debía ser. Katte no se sento, se quedó de pie frente al ventanal, observando la ciudad como si evaluara un terreno que ya conocía, mientras buscaba las palabras que necesitaba.Cerré la puerta detrás de nosotros, el sonido fue seco, metálico y definitivo.—Estás cambiando el ritmo, Adrián —dijo ella sin girarse. No fue una pregunta.Caminé hasta mi escritorio, manteniendo la distancia —No.—Sí — Respondio ella. Silencio, Katte se giró con una lentitud coreografiada. Sus ojos se clavaron en los míos, buscando la fisura que sabía que existía.—Y eso no es propio de ti —añadió.—Es un proyecto clave. El Nexo requiere precisión, no puedo permitir errores en este proyecto — Mi tono fue neutra.POV ADRIÁNNo era cierto, pero tampoco relevante. El proyecto estaba bajo control como cada una de las empresas que manejaba, lo único fuera de lugar en
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