Ya no era una observadora; ahora estaba dentro. El ritmo del proyecto había cambiado, volviéndose más exigente y preciso, pero yo ya no dudaba de mis capacidades.
—Alexandra —dijo Miguel acercándose a mi escritorio—, Daniel te está buscando. Lo encontré revisando una serie de carpetas con gesto concentrado.—Tenemos reunión con los inversionistas —soltó sin rodeos— vas a entrar.
—¿Yo? —lo miré, sorprendida.
—Sí, Escucha y si es necesario….habla.
No pregunté más y simplemente asentí. La sala