Mientras Yago finalizaba su tensa conversación con Joren sobre las delicadas estrategias corporativas y las peligrosas treguas familiares, Nant, a pocos metros de él, envolvía la palma de su mano con el calor familiar de su teléfono. La voz de su madre, Clara, al otro lado de la línea, era un bálsamo reconfortante después de la frialdad calculada del mundo de Yago. Habían pasado unos minutos intercambiando los habituales "buenas noches" y asegurándose del bienestar mutuo, cuando la conversación