La cafetería del Hotel Central seguía siendo un hervidero de conversaciones matutinas, el aroma a café recién hecho mezclándose con el murmullo constante de las voces. Sin embargo, en la mesa de Yago, Joren y Nant, la atmósfera era de una intensa concentración, casi una burbuja de seriedad inquebrantable. El pacto entre los hermanastros se había sellado de forma tácita, y ahora Joren estaba desgranando, con metódica precisión, sus ideas para contrarrestar el ataque malicioso de Belem. Yago, por