Joren bajó la taza de café, sus ojos fijos en Yago con una mezcla de asombro y una dócil incredulidad, asimilando la abrumadora magnitud de la contraoferta. La cabeza del departamento legal de CIRSA, con supervisión no solo sobre la matriz en Veracruz, sino también sobre las ambiciosas filiales en Estados Unidos y Canadá, era una posición que superaba con creces sus aspiraciones iniciales. No era simplemente un puesto; era la promesa de un poder real, una autonomía operativa que su madre, Diana