El comentario de Alina quedó suspendido en el aire caliente y ahumado de la taquería, una provocación elegante lanzada en medio del caos. "Me gusta un hombre que despierta pasiones tan... violentas. Significa que no eres aburrido".
Yago sintió cómo la frase se filtraba en su cerebro, mezclándose con el ardor físico que la mano de Belém había dejado en su mejilla izquierda. La humillación pública, lejos de amedrentarlo, había encendido un interruptor oscuro en su interior. La sangre le hervía, n