Capítulo 358: Hambre de Piel y Madrugada
La noche en Puerto Esmeralda no era simplemente un intervalo de oscuridad; era una atmósfera densa, cargada con el aroma salino del Golfo de México y el susurro constante de las olas rompiendo rítmicamente contra la costa. Ese sonido, un latido eterno y poderoso, se filtraba por los ventanales reforzados de la residencia Del Castillo, recordándole a cualquiera que estuviera despierto que la naturaleza siempre reclama su lugar. Dentro de la recámara principal, sin embargo, el silencio era absolut