Mundo ficciónIniciar sesiónLukas y Sofía, son dos hermanastros, que se encuentran en una situación inusual cuando su excéntrico "abuelo", les lega una impresionante mansión con una condición peculiar: deben vivir juntos durante un año para heredarla. Pero ellos se llevan como el agua y el aceite, la mansión se convierte en un campo de batalla cómico, mientras intentan sabotearse mutuamente para conseguir que el otro se rinda y abandone la casa. Lukas, es un diseñador gráfico divertido, pero muy desordenado, y Sofía, una organizada planificadora de eventos, chocan constantemente en sus estilos de vida y prioridades. Sin embargo, a medida que los días pasan, empiezan a descubrir las cualidades ocultas del otro que nunca habrían imaginado. ¿Podrán abrirse al amor o su vida seguirá siendo un campo de batalla?
Leer másSelene no dejaba de observar la última publicación de Alejandro Urdiales en redes sociales.
El hombre, arrodillado frente a una hermosa chica de pelo rubio y ojos celestes, le pedía matrimonio. La escena era digna de un cuento de hadas. Flores. Un cielo estrellado y las olas rompiendo de fondo. Incluso podía imaginarse el sonido que hacían al chocar con la orilla. Limpió una lágrima silenciosa que se deslizó por su mejilla, mientras notaba cómo la publicación aumentaba en likes y comentarios sobre felicitaciones. Sumergida en aquella tortura, recordó cómo había iniciado su relación con el hombre. —Por favor, opera a mi madre. Haré lo que quieras —había suplicado casi de rodillas. Él había pasado de ella, viéndola como si fuera insignificante, pero insistió tanto, lo persiguió hasta el cansancio, que terminó quitándole la virginidad en un baño de la clínica. Y allí, frente al lavabo, con la máscara de pestañas corrida, vio su reflejo en el espejo que le decía: —Estuvo bien, pero no lo suficientemente bien para costear una operación de miles de dólares. ¿Tienes algo más que ofrecer aparte de ese cuerpo tuyo? Inmediatamente, pensó en la casa alquilada donde vivían, en su hermanita con síndrome de Down, en su trabajo de medio tiempo y en sus estudios recién iniciados. Aparte de ochenta dólares en su bolsillo no tenía nada más que ofrecerle. Y él lo leyó en su expresión, porque con una sonrisa arrogante, dijo: —Lo suponía. —Por favor… —suplicó de nuevo, viéndolo darle la espalda para marcharse. La miró por encima del hombro antes de decir: —Tu cuerpo no es gran cosa para mí. Ni porque me lo des mil veces podrías pagarme. Pero seré generoso esta vez —se burló en un tono cínico—. Haremos un trato. Tres años siendo mi amante y quizás con eso podría bastarme. Pero si no es así, entonces me darás el dinero. —Está bien —no lo meditó demasiado antes de responder. No tenía tiempo para eso. La vida de su madre estaba en juego. De eso habían pasado ya poco más de dos años. Su relación con Alejandro había sido redactada en un documento que había firmado sin saber que después de estampar su firma se vería obligada a estar a su merced siempre que al hombre le apeteciera, cosa que, para su mala suerte, era muy frecuente, ya que incluso ese día, luego de pedirle matrimonio a aquella mujer, había solicitado su presencia en su departamento. Por un momento pensó que aquella reunión era para ponerle un fin a todo esto. Ahora que finalmente se casaría, lo más lógico era que ya no quisiera que siguiera siendo su amante. Era unos meses antes de lo estipulado, pero estaba bien con esa decisión. Sin embargo, cuando el hombre llegó, desajustándose la corbata y lanzándola al sofá como si nada, vio en sus ojos una intención que estaba bastante alejada de una conversación. No, Alejandro Urdiales no había venido precisamente a platicar. Se acercó a ella sin saludar, tomándola por la cintura, mientras buscaba sus labios. Cosa que no consiguió porque no pudo evitar girar el rostro en el momento exacto. —Y entonces te vas a casar… —sacó el tema. Se sintió como una mujer celosa y estúpida, pero necesitaba saber qué pretendía hacer él a continuación. —Sí —su respuesta fue seca y parca, mientras repetía el proceso de intentar besarla. Sintiendo una punzada en el corazón, se alejó con suavidad, tratando de no parecer demasiado afectada. —Supongo entonces que este es el fin —dijo con calma, manteniendo a raya todas las emociones que querían rebasarla. —¿El fin? —entrecerró los ojos, nada contento con sus palabras. —Sí. No creo que tenga sentido para ti tener una amante cuando tendrás a una mujer tan bonita esperándote en casa, ¿o sí? —¿Son estos celos, Selene? —la tomó bruscamente de la barbilla para que lo mirara a la cara—. Que yo sepa no te pago para que te pongas con este tipo de ridiculeces. —Nunca te he pedido dinero, Alejandro —alzó la voz, sintiéndose ofendida. —Pero a mí no me gusta que la mujer con la que me acuesto parezca una pordiosera y por eso te lo di. —Puedo devolverte hasta el último centavo —sabía bien que había sido mala idea aceptar sus regalos. —Bien, devuélvelo, pero tenemos un trato y no lo puedes romper. —¡Ya han pasado dos años! ¡Creo que he pagado suficiente y si no es así… conseguiré hasta el último centavo! ¡Te lo daré todo! —¿Conseguirlo dónde? ¿En esa cafetería de mala muerte en la que trabajas? ¿O es que piensas ofrecer tus servicios a otros hombres? —sus dedos se incrustaron en su barbilla con mayor fuerza. La estaba insultando. La estaba llamando puta en su propia cara, cuando el único hombre con el que se había acostado había sido él. —Lo único que debe importarte es que te pagaré —alejó su mano, mirándolo de forma desafiante. —Pues lo único que en verdad importa aquí es que tenemos un contrato, Selene. Tres años. Ni un día más ni uno menos —puntualizó con rabia—. Créeme cuando te digo que no quieres conocer lo duro que puedo ser con aquellos que no cumplen su palabra. Así que deja de actuar como la pobre esposa engañada y desvístete de una buena vez, que no vine aquí para hablar contigo. La joven empuñó las manos, sintiéndose impotente, mientras lo veía acercándose con aquel aire triunfante, ignorando sus inconformidades, para tomar de ella lo único que siempre le había interesado: su cuerpo. Porque en este tipo de relación el corazón no tenía importancia, mucho menos los sentimientos.El embarazo de Sofía transcurrió lleno de momentos de ternura y emoción. Desde el primer día en que supo la noticia, Lukas la acompañó a todas sus consultas médicas, ansioso por cada pequeño avance. Había guardado en su corazón de manera muy especial, la primera vez que vieron la ecografía juntos. Ambos estaban en la sala de espera, con Sofía tomando su mano y acariciando suavemente su vientre apenas abultado.—¿Estás nervioso? —le preguntó Sofía con una sonrisa, viendo cómo Lukas no dejaba de mover los pies, impacientemente.—Un poco —admitió él—. Es que quiero verlo… o verla, aunque sea solo un puntito.Cuando finalmente entraron a la consulta y la imagen del pequeño embrión apareció en la pantalla, Lukas no pudo contener las lágrimas. El pequeño punto en blanco y negro que latía con fuerza lo conmovió más de lo que había imaginado. Sofía lo observaba mientras él, con los ojos brillantes, se inclinaba hacia la pantalla.—Es nuestro bebé... —susurró, tomando la mano de Sofía—. Lo am
Horas después, Sofía y Lukas entraron a la habitación del hospital donde Marleni descansaba, sosteniendo a su recién nacido en brazos. Danilo, emocionado, se encontraba junto a su esposa, acariciando con ternura la pequeña cabeza del bebé. Al verlos entrar, Marleni les sonrió con esa serenidad única que solo una madre puede tener después del parto.—¿Cómo estás, mamá? —preguntó Sofía con suavidad, acercándose a la cama y mirando al bebé con ojos brillantes.—Estoy bien, cansada, pero feliz —respondió Marleni—. Aquí está su hermano, esperando conocerlos oficialmente.Lukas, quien hasta ese momento había permanecido en silencio, se acercó con pasos lentos y respetuosos. Nunca había visto a un bebé tan pequeño, tan indefenso y lleno de vida. Se inclinó un poco para observar más de cerca al recién nacido, con una sonrisa suave y llena de asombro.—Es perfecto, Marleni ¿Cómo se llama? —murmuró el hombre, incapaz de apartar la mirada del pequeño.—Aún no tiene nombre —dijo Marleni de repent
Meses después. Los meses pasaron, y la vida de Lukas y Sofía volvió a un ritmo más tranquilo y estable. Fabiola había desaparecido de sus vidas tras la revelación, y ambos se concentraron en construir un futuro juntos, libres de los problemas y fantasmas del pasado, era una pareja feliz, que disfrutaban estar juntos y que por ahora habían decidido esperar para tener sus hijos. Aunque vivían en la mansión, siempre iban a casa de sus padres a pasar tiempo con ellos, además, ellos estaban emocionados porque tendrían un hermano, de quien no sabían su sex0 porque esperaban que fuera una sorpresa. Una tarde de un domingo, Lukas y Sofía estaban visitándolos en un almuerzo familiar. El ambiente era cálido y acogedor, lleno de risas y conversaciones animadas sobre planes futuros, proyectos, porque a ambos jóvenes les estaba yendo muy bien, además estaban ansiosos por la llegada del nuevo integrante de la familia: el bebé que Marleni estaba esperando. A pesar de su embarazo avanzado, Marle
Fabiola bajó la mirada, claramente incómoda con la situación. Sabía que se encontraba en una encrucijada. Lukas y Sofía estaban decididos a descubrir la verdad, y la mentira que había creado comenzaba a desmoronarse frente a ella. Respiró hondo y, en un intento de ganar algo de tiempo, se levantó lentamente del sofá.—Está bien... —murmuró, aunque su voz denotaba cierto resentimiento—. Si eso es lo que quieres, vamos.El camino hacia la clínica fue silencioso, con una tensión palpable llenando el aire. Fabiola mantenía las manos entrelazadas, moviéndolas nerviosamente en su regazo, esperando poder salir de eso beneficiada.Lukas, con las manos firmes sobre el volante, no dejó de observarla por el espejo retrovisor. Sabía que algo no estaba bien, pero necesitaba que Fabiola confesara por sí misma.Sofía, por su parte, se mantenía serena, aunque por dentro las emociones le revoloteaban en el estómago. No podía dejar de pensar en lo que sucedería si Fabiola realmente estuviera mintiendo.
El sol se filtró a través de las ventanas, suavemente despertando a Lukas y Sofía de su sueño. Su luna de miel había sido un paraíso, pero la realidad comenzaba a asomarse con la luz del nuevo día.Lukas giró en la cama, encontrando a Sofía aún dormida a su lado, con su cabello desparramado sobre la almohada y una expresión de paz en su rostro. No podía evitar sonreír al verla, sintiendo una mezcla de amor y responsabilidad arremolinarse en su pecho.Con cuidado de no despertarla, se levantó y se dirigió hacia la ventana, contemplando el mar por última vez antes de regresar a la ciudad. A lo lejos, las olas rompían suavemente contra la orilla, como una despedida silenciosa de esos días perfectos que habían compartido. Pero Lukas sabía que la vida real esperaba, y que todavía había un asunto que debían resolver.Después de un desayuno tranquilo y de empacar lo poco que quedaba, la pareja se dirigió al aeropuerto donde los estaba esperando un vuelo privado para regresarlos a su casa.E
Lukas estaba ansioso por estar con su ahora esposa, el mundo pareció desdibujarse dejándolos a los dos solos en un capullo de deseo. Lukas la recorrió, con la mirada voraz, absorbiéndola de pies a cabeza. Sin pérdida de tiempo quitó el resto de sus ropas, dejándole solo el brasier, su piel clara y sus pechos turgentes con puntas de rosa, eran visibles a través de la delicada tela, haciendo que su deseo por ella aumentara. —Mi corazón —, le dijo, con un acento marcado por la lujuria y la adoración. —Eres lo más hermoso que he visto en mi vida.Sofía se sonrojó y sus mejillas adquirieron un tono rosado. —Gracias, mi amor —, susurró, con voz apenas audible por encima del palpitar de sus corazones.Lukas se acercó a ella con una lentitud dolorosa, pero sus intenciones eran claras. Cada fibra de su ser ansiaba devorarla, reclamarla como suya una vez más, luchaba por no enloquecer y perder el control, sin embargo, quería que esa primera vez como esposos fuera especial, para atesorar en s
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