Ya más calmado, pero con la adrenalina aún corriendo por sus venas, Belém rompió el silencio dentro del Interceptor.
—¿A qué fuiste realmente a mi casa, Yago?
Yago, sin quitar la vista del camino, respondió con una honestidad brutal: —Esperaba que con ese dinero ya hubieran pagado todo y estuvieran lejos. Pensé que tus deudas estarían saldadas y que Vera y tú ya habrían volado. Quería que iniciaran de cero, en otra ciudad, donde nadie las conociera. Donde yo no pudiera encontrarlas.
Belém bajó