La luz que se filtraba por las cortinas ya no era la de la mañana temprana, sino la del sol pleno del mediodía. Cuando Nant abrió los ojos y logró enfocar la vista en el reloj digital de la mesita, el corazón le dio un vuelco.
10:58 AM.
Se sentó de golpe en la cama, analizando su entorno con una mezcla de confusión y pánico. En su mente, Yago era una máquina de precisión, un hombre que consideraba que dormir más allá de las seis de la mañana era un pecado capital contra la productividad. Temió