El ruido del Gran Café de la Parroquia parecía haberse detenido en seco para la mesa ubicada junto a la caja registradora antigua. El tintineo de las cucharas, las risas de los turistas y el ir y venir de los meseros se habían convertido en un zumbido de fondo, irrelevante ante la tensión que emanaba de las tres mujeres sentadas en aquel rincón estratégico.
"Mónica Rodríguez" —la asistente de Alina— sintió una descarga eléctrica de anticipación cuando vio a Belem Cabo desbloquear su teléfono. B