El Gran Café de la Parroquia seguía vibrando con su propia vida ajena al drama que se desarrollaba en la mesa junto a la caja registradora antigua. El tintineo de las cucharas era una banda sonora incesante, un repiqueteo que taladraba los nervios ya destrozados de la asistente de Alina.
Frente a ella, las hermanas Cabo esperaban. Belem, con la mirada febril de quien acaba de apostar su vida a un solo número, y Vera, con la frialdad calculadora de una trabajadora social que conoce los límites d