La flota de camionetas blindadas se deslizó por las avenidas arboladas de Polanco, el epicentro indiscutible del lujo en la Ciudad de México. Pasaron frente a escaparates de alta costura, embajadas discretas y restaurantes donde se cerraban tratos de millones entre el primer y el segundo plato. Pero el destino de los Korályov no era una boutique, sino un monumento a su propia ambición.
La Torre KORALVEGA se alzaba como una lanza de obsidiana y acero cortando el cielo de la capital.
Era un rasca