Mientras en la universidad, ubicada en otro estado de la República, la realidad de Nant cambiaba con una tarjeta negra sobre una mesa de formica, en la capital del país, la imponente Ciudad de México —esa entidad federativa que late con un ritmo propio y voraz—, el día comenzaba con una cadencia muy distinta en las lomas más exclusivas de Bosques de Chapultepec.
La mansión de los Korályov de la Vega no brillaba; imponía.
A diferencia de la residencia de Diana, que gritaba su riqueza con columna