La noche había caído sobre el puerto de Veracruz con un peso húmedo y sofocante, una atmósfera que se adhería a la piel y que parecía reflejar el estado del alma de Belém. Había sido un día interminable en el despacho jurídico. Un día de "lucha" fingida, de sonrisas corporativas forzadas ante el Licenciado King (a través de videoconferencias) y de mantener la fachada de eficiencia mientras su mente estaba a cientos de kilómetros de distancia.
Al llegar a casa, la farsa doméstica con Javier habí