El sol, ya elevado en el cielo de Puebla, inundaba la vasta suite presidencial con una luz dorada y brillante. Eran más de las 8:00 de la mañana, y el ambiente en el penthouse era de una calma opulenta, un contraste con el torbellino de emociones que había agitado a Nant horas antes. Ella, revitalizada por el baño relajante con las sales aromáticas, había emergido del santuario de mármol con la piel sonrosada y el ánimo más sereno. Las palabras de Yago, su promesa inquebrantable de apoyo, y su