El eco de la voz sensual al otro lado de la línea aún resonaba en la mente de Joren, una disonancia en la pulcra sinfonía de su estudio. Había marcado el número del despacho de King en Monterrey por segunda vez, con la determinación de un hombre que no podía permitirse más retrasos. La espera de dos horas, aunque productiva al avanzar con sus casos, había sido un testamento a la urgencia de su misión.
La mujer, con su tono inconfundiblemente seductor, respondió con la misma cadencia que había d