El aire en el penthouse se había vuelto denso, cargado con el calor de sus cuerpos desnudos y el aroma embriagador de sus pieles mezclándose. La ropa, un mero recuerdo, yacía en un montículo suave a sus pies. Cuando ya estaban completamente desnudos, los besos y las caricias no cesaron; por el contrario, se intensificaron, volviéndose más urgentes, más profundos, como si cada contacto buscara borrar los límites entre ellos. Los labios de Yago exploraban cada curva del cuerpo de Nant, desde la d