La confirmación de Nant, un "sí" susurrado con la certeza de un alma entregada, fue la chispa que encendió la hoguera. Yago, al oír que su amada estaba lista y segura, que su deseo era tan profundo como el suyo, no perdió un solo instante. Su rostro, antes marcado por la seriedad de la pregunta, se transformó en una expresión de pura pasión. Se inclinó sobre ella, sus ojos fijos en los de Nant, y sus labios, que ya conocían la dulzura de los suyos, se posaron en su boca en un beso que no era so