Vera había aparecido en el hospital temprano esa mañana, habiendo pedido un permiso especial en su trabajo para poder dedicarle unas horas a su amiga.
—¡Me alegra tanto verte! —exclamó Miranda, aunque su sonrisa estaba teñida de preocupación—. Pero deberías estar en el trabajo, no aquí cuidándome. No me digas que tú...
Vera la interrumpió con un gesto suave de la mano.
—Ay, Miranda, no te preocupes por esas cosas. El trabajo es importante, sí, pero estar cerca de una amiga cuando más lo necesit