Había sido Alec quien terminó rompiendo el silencio.
—Ya tenemos que irnos. Se nos está haciendo tarde.
Ella asintió, de acuerdo con lo que estaba diciendo. Una vez afuera, recordó que no solo eran ellos dos, sino que el pequeño Edward ya estaba allí, presente en medio del pasillo. El niño, con su trajecito y su peinado perfectamente hecho, se veía demasiado lindo, tierno. Miranda sonrió al verlo. Los dos se acercaron. Edward volvió a decirle a su padre que estaba emocionado por el lugar donde