Miranda se encontraba allí, en el silencio de la habitación del hospital, hablándole a solas a Alec, incluso sabiendo que probablemente él no la estaba escuchando.
—¿De verdad es solo estrés? —cuestionó en voz baja—. Deberías tener más cuidado. Deberías ser más consciente de que el trabajo no lo es todo. Eres alguien demasiado terco.
Suspiró, acariciando tiernamente su mano. Luego la soltó, recordando al imbécil que él había sido con ella, y cómo ahora ella, como una tonta, estaba allí preocupa