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La vida de Miranda pendía de la velocidad. Alec no llamó a una ambulancia, sabiendo que el tiempo de espera podía ser fatal; él mismo la llevaría al hospital más cercano en su auto. Estaba demasiado molesto, asustado y con tantas emociones mezcladas que el pánico lo asfixiaba. La creencia de que ella había atentado contra su propia vida y que ahora se encontraban en una situación de vida o muerte hacía que su corazón latiera despiadado.

Necesitaba que ella no muriera. Miraba cada cierto tiempo
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