Esa mañana, Xiomara observaba a Rowena con una suspicacia que se había agudizado desde el incidente de la llamada telefónica. La joven se movía con una prisa nerviosa, actuaba de un modo que no le gustaba nada a Xiomara.
—Saldré temprano hoy —anunció Rowena, intentando sonar casual mientras se anudaba el pañuelo en el cuello—. Un asunto familiar urgente.
—¿Asunto familiar? —preguntó Xiomara, aunque sabía que no debía entrometerse. La intuición le gritaba que Rowena estaba mintiendo, que esa pri