Rowena entró a la habitación con una sonrisa forzada y ofreció las bebidas y los aperitivos. Inmediatamente, Miranda y Vera detuvieron su conversación, la tensión flotando en el aire. Miranda miró a la sirvienta con frialdad y desconfianza, un gesto que no pasó desapercibido.
Una vez que Rowena se retiró con la bandeja vacía, Vera la cuestionó de inmediato:
—¿Qué ha sido todo eso, Miranda? ¿Por qué la has mirado de esa manera?
—¿A Rowena? Ella... ella es una vendida —dijo Miranda, con el ceño