El hombre se aclaró la garganta y avanzó.
—Oye, escucha, chico. No puedes andar destruyendo la propiedad privada de la gente. Sé listo: paga los dos millones y arrodíllate para pedir disculpas. No te compliques las cosas.
Jaden ni siquiera le dio un vistazo. Su atención seguía en Julie, con una expresión calmada y casi distante.
—Julie —dijo suavemente—, cuando termines aquí, ¿puedes llevarme a ver a la tía? No la he visto en diez años... ni siquiera recuerdo cómo luce.
La sonrisa de Julie s