Drax se acercó despreocupado, escondiendo las manos en los bolsillos del abrigo y sonriendo con picardía. Sus ojos vivaces se posaron en Jaden, fingiendo indignación.
—Jefe, usted tiene sus favoritos, eso no se vale —dijo Drax, negando—. ¿Por qué nunca me da los trabajos divertidos? Ya sabe, esos donde uno tiene que usar la cabeza.
Jaden ni siquiera se molestó en mirarlo mientras cerraba el cuaderno. Él respondió tranquilo:
—¿Y desde cuándo te han visto usando el cerebro? —respondió Jaden, con u