Mundo de ficçãoIniciar sessãoElena Valer fue la esposa perfecta, la flor decorativa, hasta que se cayeron las máscaras y la convirtieron en un estorbo. Su salud se marchitó, su esposo, Adrián DeLuca la abandonó por otra, su suegra la humilló hasta el final y la obligaron a firmar su propia ruina justo cuando la muerte le tocaba la puerta. Pero el destino, o quizás una fuerza del universo, le dio a Elena una segunda oportunidad. Al terminar el último acto de su vida, Elena despertó años atrás, antes de casarse y que el desastre comenzara. Ahora, la memoria de Elena es su arma más afilada. Ella no ha vuelto de la muerte para suplicar amor, ni para ser la víctima. Elena ha vuelto para destruir el imperio que construyeron a su costa, mientras que ella florece entre sus cenizas.
Ler maisLa fiesta de aniversario llenó la mansión Valer de una manera que Elena no había visto desde que era niña.Las luces cálidas iluminaban cada rincón, la música sonaba suave desde por una pequeña banda en la sala principal, y el jardín de Clara, estaba impecable como siempre.Las flores y las plantas recibían a los invitados con esa abundancia de colores que hacía que todo el mundo se detuviera un momento a mirarlo antes de entrar.Elena llevaba un vestido azul medianoche, el mismo color de siempre, el que solo ella entendía por qué.Sus hijos se habían encargado de organizar todo, con ese caos que heredaron de su padre, y sus nietos corrían entre los adultos con la energía de cualquier pequeño que todavía no entienden que las fiestas de aniversario son para los grandes pero que tampoco tienen ninguna intención de quedarse afuera.Elena los miraba desde su lugar junto a la fuente del jardín, con una copa en la mano y esa calma que ya era su estado natural desde hacía muchos años.
La luz del sol colándose por la ventana hizo despertar a Elena, aún era temprano, ella esperó un rato ahí, tirada sobre el pecho de Leandro, escuchando su suave respiración, sintiendo el tranquilo latido de su corazón.Este día se sentía diferente, está mañana se sentía distinta a las otras mañanas, más cálida, más tranquila, como si el corazón de Elena hubiera decidido que hoy merecía un amanecer distinto.Porque después de haber terminado con tantas mentiras, trampas y ciclos, después de haberse entregado a un hombre que la amaba y después de ese sueño con su madre, Elena sabía que desde ahora, todo sería diferente.Luego de un momento pensando y repasando todo, Elena salió de la cama despacio, sin despertar a Leandro, se puso una bata ligera y bajó las escaleras descalza, sintiendo cada tabla del suelo bajo los pies como algo familiar y nuevo al mismo tiempo.Y se fue directamente al jardín.Las plantas de su madre estaban ahí, descuidadas, sí, con algunas hojas secas y las ma
Elena despertó en el jardín de la mansión Valer.Pero no el jardín de ahora, con las plantas descuidadas y con las muchas macetas vacías que Elena había ya se había acostumbrado a ver crecer con el pasar de los años.Este era el jardín de antes, el de su infancia, lleno de esas especies que nadie más en la familia sabía nombrar y que su madre cuidaba con una dedicación que Elena siempre había encontrado misteriosa y hermosa al mismo tiempo.Clara estaba de espaldas, inclinada sobre una de las macetas, con las manos en la tierra y el cabello recogido en ese moño suelto que Elena recordaba de los domingos.Elena se detuvo en el umbral del jardín.—Mamá.Clara se levantó despacio y se dio la vuelta.Ella era exactamente como Elena la recordaba, hermosa, brillante, luminosa.Con esa sonrisa tranquila que no necesitaba ningún motivo especial para aparecer y con unos ojos castaños que eran los mismos que Elena veía en el espejo cada mañana.—Hija… — La saludó Clara, con esa voz q
Sus labios se movieron apasionadamente, mientras sus cuerpos se iban acercando.Era la primera vez que se dejaban ir más allá mientras el silencio de la mansión Valer los envolvía.Las manos de Leandro la rodearon cada vez más, Elena se inclinaba cada vez más a él, palpando su fuerte pecho, sus musculosos brazos, sintiendo como se quedaba sin aliento.Elena separó los labios de los de Leandro despacio, lo miró, y en sus ojos encontró lo mismo que había encontrado desde la primera vez, atracción, ese brillo lleno de emoción.—Tú… ¿Quieres…? — Preguntó Leandro aferrado a ella.—¿Qué si quiero…? — Elena sonrió, elevando una ceja con algo de picardía. — Creo que desde la primera vez que te vi, he estado esperando un momento como este… — Respondió Elena con una voz tan baja, que sonó como un murmullo en el salón.Leandro sonrió ligeramente, con algo de alivio y luego, la besó de nuevo.Sus lenguas se entrelazaron, sus alimentos chocaron, el aroma y sabor de ambos se entrelazaron m





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