Capítulo 6 — El renacer

Elena despertó en su antigua habitación en la casa de su padre, Raúl Valer, de nuevo.

Se quedó mirando el techo durante un momento largo, con los ojos abiertos y la respiración lenta, procesando.

Luego cerró los ojos y los volvió a abrir, se levantó y comenzó a revisarse, no tenía ningún golpe, ninguna evidencia del arrollamiento, pero había sucedido de verdad, ella había sentido el golpe.

Se escuchó un grito que la hizo sobresaltarse, desde la cocina, llegó la voz de su padre.

— ¡Elena! ¿Ya te despertaste? El desayuno está listo, se te va a enfriar.

Por primera vez desde que había pensó con claridad ¿Esto de verdad era un sueño?

Los sueños no se repetían así, los sueños no tenían este peso, esta consistencia, este olor exacto a café recién hecho llegando desde la cocina.

Había muerto dos veces y había despertado exactamente en el mismo lugar y momento, su pecho tembló al recordarlo, ¡Había muerto dos veces! ¿Esto era en serio? La habían envenenado y la habían atropellado.

Y sobretodo los sueños no dolían de esta manera cuando uno se moría en ellos, ¿Esto era real?

Si es que era real, entonces tenía que pensar muy bien que hacer.

Elena caminó notando algo que no había notado la primera vez, un cansancio leve en su pecho.

Miró sus manos y respiró profundo, esta vez iba a necesitar un plan mejor.

De nuevo, Elena bajó a desayunar pensando que esto debía ser una estúpida broma o un sueño demasiado extraño, porque ¿Cómo es que había regresado exactamente al mismo lugar? ¿Y por qué?

Necesitaba pensar, necesitaba información, no podía volver a sobreactuar impulsivamente, no porque hubiera cambiado de opinión con respecto al matrimonio con Adrián, sino porque había entendido que gritar y salir corriendo no había funcionado.

Así que está vez intentaría actuar diferente.

Raúl la recibió con su sonrisa cotidiana de siempre, sin saber nada, sin recordar nada, porque para él, no había ocurrido.

Elena desayunó en silencio, respondiendo lo justo, mientras su padre hablaba de la cena de esa noche con los DeLuca y cuando Raúl salió hacia la empresa, Elena fue directo a su escritorio.

Si decirle la verdad a su padre no había funcionado, está vez ella necesitaba pruebas.

Ella no tenía pruebas de las maldades que Adrián haría en el futuro, porque esa era imposible, pero Elena recordaba varios artículos de situaciones comprometedoras, que había visto tiempo después del matrimonio.

Pasó dos horas buscando en internet y encontró varias notas con fotos, Elena imprimió todo, lo organizó en una carpeta, y fue a la empresa de su padre.

Raúl la recibió en su oficina con calidez, pues era recurrente las visitas de su hija en la empresa, pero antes de que él dijera nada, Elena puso la carpeta sobre su escritorio.

— Padre, necesito que veas esto… — Pidió Elena con seguridad, al tiempo que se cruzaba de brazos.

Sorprendido y cauteloso, Raúl miró los documentos despacio.

— Elena… — Raúl finalmente cerró la carpeta. — Esto no es nada… Una foto en una fiesta y algunas columna de opinión sin fuentes verificadas.

— Es un patrón, padre… Si buscas más…

— Ya busqué… — La interrumpió Raúl, con firmeza. — Pasé meses investigando a esta familia antes de llegar a un acuerdo… Lo que me traes aquí no cambia nada.

— Padre lo sé, créeme, esa familia es malvada, oculta mucho, sobretodo Adrián, y te puedo conseguir más pruebas que…

— ¡Ya basta, Elena! — Raúl golpeó el escritorio. — Entiendo que estés nerviosa, pero no es para que me salgas con todo esto a solo unas horas de la cena…

— Padre… — Elena apretó los puños a los costados sintiendo toda esa impotencia acumularse en su pecho.

— No voy a seguir teniendo esta conversación, Elena… Esta noche vas a esa cena y punto.

Elena miró la carpeta sobre el escritorio, miró a su padre y salió de la oficina con una decisión entre ceja y ceja.

No asistiría a esa cena, no lo haría, buscaría la forma, usaría cualquier excusa, tramaría un nuevo plan, pero casarse con Adrián, no era una opción para ella.

Ella caminó hacia el ascensor, entró, presionó el botón de la planta baja, y las puertas se cerraron.

El ascensor bajó tres pisos, luego algo crujió, Elena sintió la presión del movimiento del ascensor precipitándose hacia su nuevo final y un nuevo golpe estridente se escuchó.

¡PLAFT!

Al fondo, las personas que trabajaban y visitaban la empresa, comenzaron a gritar.

Una vez más, Elena despertó en su antigua habitación, no se movió esta vez, se quedó acostada como si esperara algo que ya sabía que iba a llegar.

— ¡Elena! ¿Ya te despertaste? El desayuno está listo, se te va a enfriar.

La voz de su padre, puntual y exactamente igual que las otras veces.

Elena cerró los ojos notando ese cansancio en su pecho antes que cualquier otra cosa y está vez, era algo más fuerte que la vez pasada.

Eran tres veces, ella había muerto tres veces y cada vez que volvía, el cansancio y el peso en su pecho comenzaba a acumularse.

Elena se sentó en la cama despacio, ¿Cuándo despertaría de este sueño que ya parecía más una pesadilla? ¿O era que en realidad estaba en el infierno?

No, estoy no podía ser ningún sueño, era demasiado real, demasiado palpable y doloroso.

Pero entonces, ¿Qué era? ¿Otra oportunidad del universo? ¿Un mundo paralelo? ¿Una especie de hechizo?

Era algo completamente ilógico.

Elena solo sabía una cosa: no podía morir otra vez, esta vez tenía que ser diferente.

Así que ese día, cambió de estrategia, ella esperó a que Raúl llegara a casa por la noche, está vez no discutió, no presentó pruebas, no intentó convencerlo de nada, solo esperó.

— Esta noche hay que ir a la cena… — Le recordó Raúl cuando llegó.

— Lo sé… — Respondió Elena con tranquilidad.

Ella había decidido que esa noche iría para ver y evaluar el terreno, quizás hubiera algo en la cena, algún detalle, alguna salida que en su primera vida no vio.

Salieron juntos, el restaurante era exactamente como Elena lo recordaba, elegante, con mesas con manteles blancos y con velas en candelabros de plata.

Los DeLuca ya estaban adentro cuando llegaron, Justina con esa sonrisa de bienvenida que Elena ahora sabía perfectamente lo que escondía, y Adrián con ese aspecto de hombre que nunca ha tenido razones para dudar de sí mismo.

Elena les sonrió con aquella sonrisa pequeña y perfecta que había pasado años perfeccionando y estrechó la mano que Adrián le extendió.

— Es un placer… — Se presentó Adrián.

— El placer es mío… — Respondió Elena.

— Wow, eres más hermosa de lo que me habían dicho… — Comentó Adrián con picardía.

Con una expresión que antes había sonrojado a Elena y que ahora ella veía perfectamente como la perfecta hipocresía.

La cena comenzó y Elena escuchó más de lo que habló, registrando cada detalle.

Notó como Justina controlaba cada conversación, notó como Adrián miraba a Raúl como quien está evaluando un activo y notó que nadie en esa mesa la miraba a ella realmente.

Ella era solo la pieza de un acuerdo.

Elena sintió que necesitaba salir de ahí, necesitaba aire, necesitaba otra manera de escapar de ese destino y entonces, notó una puerta.

Una salida de emergencia junto a la cocina, discreta y sin personal cerca.

Elena se excusó con una sonrisa y en ves de ir a los baños se desvió hacia esa puerta, Pero justo en ese momento resonó el crujido del metal junto a un grito colectivo.

Uno de los candelabros de plata cayó exactamente por donde Elena pasaba, aplastándola.

Elena despertó en su antigua habitación de nuevo, se sentó con los ojos muy abiertos, y se llevó las manos a su pecho sintiendo el cansancio esta vez más fuerte haciéndole una presión real, como un peso dentro de sus pulmones.

— ¡Elena! ¿Ya te despertaste? El desayuno está listo, se te va a enfriar. — Desde la cocina llegó la voz de su padre.

Elena se quedó pensando, ya había muerto cuatro veces, había vuelto al mismo punto exacto y con cada vez, su cuerpo se deterioraba más al despertar, como si cada muerte cobrara un precio que se acumulaba.

¿Cuántas veces podía permitirse eso?

Elena se levantó, caminó hacia el espejo del armario y se miró, no había diferencia visible todavía, seguía siendo la misma Elena joven y sana de las mañanas anteriores, pero ella sabía que lo visible era lo último en cambiar.

Bajó a la cocina, su padre levantó la vista del periódico con esa sonrisa de siempre.

— Buenos días. — Raúl empujó la taza de café hacia su lugar. — ¿Dormiste bien?

Elena se sentó frente a él y lo miró, él era solo un hombre que amaba a su hija con toda la torpeza y la certeza de quien cree estar haciendo lo correcto, un hombre que no tenía manera de saber lo que Elena sabía.

Quizás ella había desperdiciado tiempo intentando escapar de un destino que al parecer el universo había decidido que no podía evitarse, solo manejarse.

Manejarse… Esa palabra se instaló en la mente de Elena.

Ella no podía evitar el matrimonio, eso ya estaba claro, cada vez que lo intentaba, algo la mataba y la devolvía al mismo punto.

El universo no le estaba dando una salida, le estaba dando una segunda oportunidad dentro de ese matrimonio, no fuera de él.

Pero una segunda oportunidad era exactamente eso, otra oportunidad.

Y esta vez, ella no iba a entrar a esa mansión como la Elena que había sido, ingenua y con los ojos cerrados, esperando que las cosas fueran diferentes porque el amor y la buena voluntad tenían que contar para algo.

Esta vez iba a entrar sabiendo exactamente dónde pisaba cada persona en esa familia, qué querían, qué ocultaban y cómo se movían.

Esta vez Elena iba a entrar con un plan.

— Dormí bien… — Respondió Elena, levantando la taza de café.

Raúl sonrió, satisfecho, y volvió a su periódico.

— Esta noche es la cena con los DeLuca… — Comentó, Raúl con tranquilidad. — ¿Tienes algo que ponerte?

— Sí. — Elena miró el café en su taza. — Tengo exactamente lo que necesito.

Raúl levantó la vista, pero Elena ya estaba mirando por la ventana pensativa.

«Esta vez no voy a suplicar…», sopesaba Elena, «Voy a entrar con los ojos abiertos… Y los voy a hacer pagar por cada dolor, por cada humillación que antes me hicieron… Será el renacer de su flor marchita, será mi venganza contra mi exesposo y contra todos los que me lastimaron y está vez, les voy a ganar»

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