Elena despertó en el jardín de la mansión Valer.
Pero no el jardín de ahora, con las plantas descuidadas y con las muchas macetas vacías que Elena había ya se había acostumbrado a ver crecer con el pasar de los años.
Este era el jardín de antes, el de su infancia, lleno de esas especies que nadie más en la familia sabía nombrar y que su madre cuidaba con una dedicación que Elena siempre había encontrado misteriosa y hermosa al mismo tiempo.
Clara estaba de espaldas, inclinada sobre una de la