«Madre, padre… ¿De verdad esto es lo que ustedes hubieran deseado para mí? ¿Está vida? ¿Este destino? ¿Esta soledad?», sopesaba Elena Valer al tiempo que observaba el amanecer desde el enorme ventanal de su habitación.Ella amaba detallar como salía el sol en el horizonte e iluminaba los jardines de la grandiosa mansión de la familia DeLuca, la familia de su esposo, Adrián.Últimamente, Elena solía preguntarse a sí misma sobre su vida, su destino, porque está no era la vida feliz que ella esperaba.Desde hacía algún tiempo, Elena había empezado a sentirse mal, mareos constantes, inapetencia, náuseas, malestar general, hubiera pensado felizmente que se trataba de un embarazo, de no ser porque su esposo ya no la tocaba desde hacía meses.De hecho, ellos ya dormían en habitaciones separadas y Elena solo veía a su esposo, para ocasiones especiales como eventos públicos, porque Adrián siempre decía que estaba ocupado.Elena suspiró pesadamente con algo de fatiga, cuando sonó un pequeñ
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