Capítulo Cuarenta y dos. Lo que el destino no perdona.
La noticia se propagó como humo venenoso: Serena estaba viva. Lyra era su nuevo nombre. Y ella era la verdadera Luna destinada del Rey Alfa Kael.
Para unos, fue una bendición enviada por la diosa. Para otros, una amenaza al equilibrio que creían ya restaurado. Para Rowan, fue un corte limpio y silencioso que le desgarró el alma de forma brutal.
Desde lo alto de la muralla sur, con la mirada fija en los bosques grises que bordeaban el reino,