La mañana se presentó con una claridad engañosa. Sofía, protegida por una armadura de seda y la vigilancia que su nuevo capital le permitía, se preparaba para el primer chequeo médico del pequeño Arthur. No había helicópteros ni comitivas imperiales; Sofía buscaba la normalidad como quien busca oxígeno bajo el agua. Sin embargo, en el mundo de los Thorne y los Lennox, la normalidad era una presa fácil para los depredadores.
Lourdes y Camila Smith, reducidas a una existencia marginal y alimentad