El ático de la Torre Thorne, que antes se sentía como un nido de águilas protector, se había transformado para Sofía en una caja de resonancia donde cada palabra de Alexander golpeaba con el eco de una mentira histórica. La cena transcurría en un silencio denso, solo interrumpido por el tintineo de la platería contra la porcelana.
Alexander Thorne, un hombre que podía leer las fluctuaciones del mercado antes de que ocurrieran, estaba inquieto. Su intuición, esa arma letal que lo había hecho inv