El hospital privado donde Sofía realizaba sus chequeos prenatales era un santuario de mármol blanco y silencio esterilizado. Para Sofia, cada visita era un recordatorio de la fragilidad de la vida que llevaba dentro y de la fortaleza que necesitaba para protegerla. Sin embargo, ese día, la atmósfera se sentía diferente. El aire acondicionado parecía más frío de lo normal y las miradas del personal de seguridad, aunque respetuosas, se sentían como cadenas invisibles.
Alexander no había podido ac