El aire en la sala de conferencias de Thorne Capital estaba cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos se erizara. Era una mañana gris, de esas en las que las nubes parecen aplastar los rascacielos. Sofia estaba sentada a la derecha de Alexander, frente a un panel de inversores que cuestionaban la rapidez de la última adquisición. Sin embargo, para Sofía, las voces de los hombres en la sala sonaban como si vinieran de debajo del agua.
Desde que salió de la oficina