El hospital privado era un remanso de silencio y luz blanca hasta que el estrépito de la realidad llamó a sus puertas. La lluvia de la noche anterior había dejado paso a una mañana gélida y gris, con un viento que silbaba entre las estructuras de acero. En la suite 402, la Señorita Lennox observaba por el ventanal, su mano descansando inconscientemente sobre su vientre aún plano. El pacto de silencio con Alexander flotaba en el aire como una promesa sagrada, pero en el fondo de su alma, Sofía s