El Palacio de Justicia parecía respirar bajo el peso de la historia. Tras semanas de testimonios desgarradores, de ver la reputación de dos de las familias más poderosas del país desmembrada ante la opinión pública, el día del juicio final había llegado. La sala estaba tan abarrotada que el oxígeno parecía un lujo; el zumbido de los periodistas y el murmullo de los curiosos cesaron abruptamente cuando el juez Harrison entró y tomó su lugar.
Alexander y Sofía estaban sentados uno al lado del otr