La casa de campo de la abuela Elena permanecía como un oasis de quietud en medio del torbellino que se había convertido la vida de Sofía. Tras la sentencia de Vane y el inquietante susurro sobre el "Consejo de los Doce", Sofía necesitaba aire que no oliera a ciudad ni a traición. Dejó a Arthur al cuidado de Simón en la mansión y condujo durante horas hasta que el pavimento se convirtió en tierra y el ruido de los motores fue reemplazado por el susurro de los pinos.
La propiedad se veía cansada,