El silencio que siguió al cierre de la puerta principal fue denso. Lysandra permaneció junto al ventanal, observando cómo la silueta de Adrián se alejaba por el sendero, parecía una mancha gris bajo el cielo plomizo. No sentía alegría, pero sí una senssación de haber limpiado amargamente su camino. Se dio la vuelta y se encontró con Beatriz, que estaba de pie en el descanso de la escalera, con el rostro pálido y las manos entrelazadas con nerviosismo.
—¿De verdad lo echaste a la calle en ese es