El camión de suministros se detuvo con un bufido hidráulico en la rampa de carga de la Clínica Santa Inés. El silencio en la parte trasera era denso. Adrián y Vania aguardaron entre cajas de soluciones fisiológicas y equipos de diálisis hasta que el conductor dio la señal acordada: tres golpes secos en la chapa. Al salir, el aire de la zona de descarga los recibió con un olor metálico. Se movieron con rapidez hacia el área de depósitos, aprovechando el relevo de guardia de la madrugada.
Pasaron