El amanecer en la mansión Valerius no trajo luz, sino una claridad cruda que exponía las grietas de todos sus habitantes. Lysandra no había dormido. Pasó la madrugada revisando los registros contables que Cassandra le había entregado en una memoria cifrada. No eran solo las cuentas de la textilera; eran los movimientos de la caja chica de la mansión y las facturas de la joyería personal de su madre que habían desaparecido durante su coma.
Encontró el rastro de la codicia de Beatriz. La mujer no