El silencio que dejó la partida de Beatriz bajo custodia policial no trajo paz a la suite de Lysandra. El eco de los gritos de su suegra parecía haber quedado impregnado en las cortinas de seda. Lysandra se sentó frente a su escritorio personal, con la luz de una lámpara de lectura iluminando su rostro cansado. Cassandra le había enviado un último archivo antes de marcharse, un documento que no había querido mostrarle frente a los oficiales para evitar que el choque emocional la desestabilizara