Lysandra cerró la puerta principal con una parsimonia que contrastaba con la respiración irregular de Adrián al otro lado de la madera. El sonido de su tos, húmeda y pesada, se filtraba por las rendijas, pero ella no sintió urgencia. Caminó hacia la cocina, preparó una taza de té y esperó diez minutos exactos. Solo cuando el silencio absoluto regresó al porche, indicándole que Adrián había perdido el conocimiento, volvió a abrir la puerta.
—Cárguenlo —le ordenó Lysandra a los dos hombres de seg