La sala de juntas privada de la mansión Lockwood amaneció con un aire denso, cargado de una electricidad estática que solo los presentes podían percibir.
Sobre la mesa de cristal descansaban los borradores finales del acta posmatrimonial y el cronograma de seguridad para la ceremonia en la catedral.
Iván estaba sentado en la cabecera, con la mirada fija en una carpeta, pero su atención estaba puesta en Henry, quien revisaba unos documentos al otro lado de la mesa, Henry, por su parte, mostraba